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miércoles, 26 de abril de 2017

EL LLANTO DEL NIÑO


No hace falta describir mucho este fenómeno ocurrido en la costa peruana pues se sabe ya que ha tocado a los más 30 millones de habitantes, ya sea física o emocionalmente, en este mes. Los daños dejados tras el huaico son en su mayoría devastadores y, en mi opinión, nos deja bastante que desear en el tema de si las autoridades dejarán que sea un “déjà vu” del 98 o harán el cambio.
En el último mes, nuestro país ha sufrido lo que varios dicen que fue uno de los peores desastres que ha sufrido la costa peruana. Piura estaba inundada hasta el cuello y, varias ciudades y pueblos, incluyendo Trujillo, quedaron en un estado fatal, como si hubiese sido sacado de un libro apocalíptico. La potencia del huaico era tan grande que cada rincón de nuestro país se conmocionó al ver las imágenes de cómo se llevaba con tal facilidad los camiones, remolques, autos, animales e incluso viviendas enteras dejando a su paso solo lodo y escombros.
Los daños que dejó este desastre fueron bastantes. Por un lado, la economía quedó paralizada debido a los inconvenientes de los sectores productivos: los cultivos quedaron perdidos en su mayoría, las infraestructuras y máquinas quedaron dañadas, el sector pesquero se vio afectado por las irregularidades en el océano y el turismo quedó estancado por el estado en el que se encontraba el país. Hubo mucha gente que lo perdió absolutamente todo y es por ello que los bancos decidieron expandir los plazos de pago.
La falta de prevención fue algo que resaltó bastante ante este desastre. La principal causa de que el huaico haya arrasado de tal forma es porque las autoridades permitieron asentamientos humanos en lo que ya se sabía que era una zona de peligro, dado a la cercanía con las quebradas. En mi opinión, creo que a todos nos causa impotencia ver como las autoridades se preocupan tan poco en tomar precauciones e incluso, en la misma emergencia, darle tan poca importancia al apoyo y recuperación de las ciudades. Molesta ver cómo, teniendo el dinero suficiente, los alcaldes y ministros no invierten en el arreglo de la ciudad o, en otros casos, hacen obras tan poco eficientes o de baja calidad.

Para terminar, según mi punto de vista, creo que el Perú está muy poco preparado para este tipo de emergencias y nuestras autoridades parecen no hacer nada al respecto. Opino que se deben hacer con urgencia medidas y planos de evacuación para que, en un futuro, el Perú no llegue a sufrir tal repercusión nuevamente por el fenómeno del Niño.
Camila Miranda

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